Hay recuerdos que no se van. Se quedan quietos en algún rincón del alma, esperando el momento de volver a encenderse.
El nuestro es una lámpara. Estaba sola en medio del césped de un condominio en Armenia: un poste de metal y, en la punta, una bola de vidrio que cada noche le regalaba a la oscuridad una luz blanca, tranquila, casi tímida. Desde una ventana, nuestro fundador la miraba sin imaginar que esa luz se le iba a quedar a vivir en el corazón.
Los años pasaron como pasa todo. Pero la lámpara seguía apareciendo, en las noches largas y en los días buenos, trayendo de la mano la nostalgia y la alegría, como dos viejas amigas que nunca llegan solas.
Cuando por fin quiso nombrar ese sentimiento, encontró la palabra exacta: anhelo. Ese deseo que espera años en silencio, sin perder nunca la certeza de que un día se va a cumplir.
En hebreo, esa certeza se llama Tikvá. Significa esperanza, y nace de una palabra que quiere decir "cuerda": aquello a lo que uno se aferra mientras espera.
Por eso nos llamamos Tikvá. Y por eso nuestro logo es aquella lámpara: una sola luz, limpia y blanca, que no hace ruido pero lo ilumina todo. Así queremos llegar a cada negocio: sin complicaciones, encendiendo lo que estaba esperando su momento para brillar.